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jueves, 23 de mayo de 2013

Nosotros dos y el camarógrafo.

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Elegí este vídeo porque me recalienta la cara de morbo del camarógrafo cuando le acaba en la cara al pasivote que se toma toda la guasca, así tienen que ser todos los pasivos bien pasivos! Escribo esto con la chota al palo mal, los dejo para poder pajearme tranqui.

Tulipán

martes, 16 de octubre de 2012

Porno: Soy el jefe.


Rafael Alencar es un actor porno gay que viene de la carrera de Brasil y la pornografía en los Estados Unidos. Alencar tiene un piercing en el pezón  derecho, donde también tiene un tatuaje de 3 piezas localizadas en el cuello, la parte baja del abdomen y la cintura.

Año de nacimiendo: JULIO 18 DE 1978
Lugar de nacimiendo: BRASIL
Signo: CANCER
Altura: 1.75
Peso: 75 kilos
Tamaño del pene : 23 cm
Color del cabello: NEGRO
Color de ojos : CASTAÑO
Graduado de  : ODONTOLOGÍA
Pasatiempo: ESTUDIAR IDIOMAS, HISTORIA ANTIGUA Y DORMIR –    Lo que más le gusta: VIAJAR , SEXO
Lo que no le gusta: CIGARRILLOS
Algo bueno acerca de él: BUEN SENTIDO DEL HUMOR
Algo malo acerca de él: OLVIDO LAS COSAS FACILMENTE
Como hacerle feliz: CHUPA MI PIJA
Donde se le puede encontrar: NUEVA YORK

jueves, 26 de enero de 2012

Bruno Bordas un porno star de los nuestros.



Bruno Bordas es uno de los argentinos que más suceso hace en la industria porno gay, Bordas, es un chico muy hot, y por lo que hemos visto en sus pelí­culas le gusta el sexo sin limites. Podes ver más de Bruno en las siguientes pelí­culas: El cumple de Lucas, Chicos Latinos, Arabian Tales y Spanish Housetimes.

Miralo en acción!

¿Qué tipo de hombre te gusta?

Si se trata de un tema de atracción fí­sica tengo un gusto bastante amplio en cuanto al tipo de chico que me atrae: altos, bajos, rubios, morenos, rapados, con rulitos, musculosos, de cuerpos mas delgados y marcados… soy muy sexual, lo disfruto a tope… entonces si me encuentro con alguien o algunos que vivan el sexo de la misma manera, la atracción puede ser explosiva. Pero a la hora de enamorarme soy bastante mas selectivo, y además del atractivo fí­sico hay otras cosas que busco en un chico, sobre todo que sea cariñoso y muy compañero, y disfrute de las cosas simples de cada dí­a.

¿Hay algo de tu persona en tus personajes en las pelí­culas?

Cuando hago alguna escena intento ser lo más natural y espontáneo que el argumento me lo permita. Creo que cuando un actor se compenetra en su papel y disfruta del sexo como si no hubiera cámaras delante, el resultado es por demás evidente, y la escena resulta muy hot y más convincente. No siempre se logra eso, sobre todo si no hay piel con tu compañero o compañeros de filmación. Pero de mi parte siempre intento poner todo lo mejor de mi y ser lo mas natural posible.

¿Cómo fue tu primera vez? ¿En la vida real? ¿Y en pelí­culas?

No recuerdo bien mi primera vez en mi vida privada, lo que si recuerdo es que fue una experiencia satisfactoria, con alguien mayor que yo y que me hizo sentir muy bien.
Y en cámaras mi primera vez fue un trí­o, algo medio “leather” con máscaras de cuero porque no querí­a mostrar el rostro… me divertí­ mucho y el director quedó tan conforme que me pidió que me animara a mostrar más. Y me ofreció otra escena en esa misma pelí­cula, donde me animé a mostrar la cara, fue otro trí­o en un baño público… me encantó esa escena… tiene mucho morbo. Es llamativo que la mayor parte de las escenas que he realizado son de trí­os o sexo grupal, se nota que me ven pinta de fiestero… jejeje.

¿Cual es tu mayor sueño en el porno?

Disfruto cuando me dicen que se han calentado viéndome en alguna peli… creo que el porno puede ser un instrumento para ayudar a vivir el sexo con mayor espontaneidad y libertad… me gusta la idea de pensar que puedo ayudar a otros a disfrutar del sexo a pleno… por ahí­ anda mi sueño.

¿Hay algún actor con el que te gustarí­a trabajar?

Me fascina Pavel Novotny… pero mas que poder trabajar con el me gustarí­a pasar toda una noche sin cámaras alrededor… jejeje… Entre los actores porno hetero me encanta Julián Rí­os… pero no creo que le gusta la idea de tener sexo con otro chico… envidio a las mujeres que están con el… jejeje.

¿Un actor porno es romántico?

Sí­… me gusta mucho crear clima cuando estoy con alguien que me agrada… un buen vino… luz tenue… unas velas… algo de perfume… unos chocolates… música tranquila… muchos besos y caricias… pero depende el momento… también me encanta sexo apasionado al ritmo de la música electrónica… creo que eso también puede ser muy romntico… depende el momento en que uno se encuentre.

¿Cual es tu mayor fantasí­a erótica? ¿La realizaste?

Me gustarí­a mucho realizar un gang-bang con muchos chicos de buenas herramientas… algún dí­a lo concretaré… delante o detrás de cámaras.

¿Tú única entrada es la pornografía o tenes que hacer algo más para mantenerte?

De hecho trabajo en Falabella y me dedico a la restauración de arte sacro. Te lo imaginabas?


Marcos L

viernes, 21 de octubre de 2011

Promiscuo como una rata rastrera...

Juro que durante todo ese tiempo nunca me arrepentí
de haberme echo asidua víctima erótica
de esas salas promiscuas y calientes

Cuando volví de España, donde había vivido durante 3 años y medio, volví a ocupar mi antigua habitación en la casa de mis padres. Una noche de desvelo empecé a buscar algo para leer y en uno de los cajones encontré una antigua revista Eroticón; presa de la melancolía, me puse a hojearla recordando mis primeras noches calientes en soledad, donde fantaseaba con encuentros carnales con hombres, que a esa altura eran sólo puras fantasías, imposibles de llevarlas a la realidad. Seguí hojeando la revista sin prisa pero sin pausa hasta que encontré una nota sobre cines porno en la porteña ciudad. Maravillado con semejante novedad, me la leí de pe a pa sin perder ningún detalle. Asombrado y excitado, no podía creer lo que leían mis ojos.

Me pareció más fantasía que realidad, pero igual me quedó la duda. Uno de los cines donde más se había detenido el cronista era el Cine Plus, ubicado sobre la calle Rioja, justo al lado de la bailanta Latino Once. Me quedó volando por la cabeza, y sobre todo por la bragueta, la nota que había leído, y ya que era del Oeste y viajaba diariamente a la Capital, pensaba tomar coraje para meterme a ver qué pasaba realmente en ese cine porno. Varias veces miré de lejos la pedorra sala. Pasaba por enfrente, pasaba por la misma vereda y nunca me animaba. Me sentía sucio, perverso, pajero...

Hasta que un día mi cuerpo debatió con mi mente sus necesidades y salió ganando. Corría el año ’96. Cuando entré, saqué la entrada con la cabeza baja y empecé a ver que había más de un tipo deambulando por el lugar. En la oscuridad de la sala, después de acostumbrar la vista como los gatos, empecé a ver decenas de tipos que andaban dando vueltas por todos lados. Eran tipos y tipos y más tipos, como un grupo de experimentados cazadores. Había tipos en las escaleras con los pantalones bajos, tipos besándose, manoseándose, había escenas de sexo completo, oral, grupal, romántico, sexo, sexo y más sexo.


En el primer piso, las escenas de la pantalla grande mostraban películas hétero; poco tiempo después entendí que esas películas eran el anzuelo ideal para los trabajadores chongos cansados, que venían a buscar un pete express, sentados con cara de boludos hundidos en las butacas que, seguramente al cerrar los ojos ante una boca caliente, soñarían que la que succionaba era la porno star de la pantalla.

Arriba la sala gay y un cuarto oscuro donde los cuerpos se transformaban en revoltijos de carne. Fiestas negras, duchas blancas, lenguas salvajes: en la carta de ese cine el menú era variado y podías comer, chupar y tragar hasta saciarte.

En los baños, la cosa era más íntima si querías revolcarte con la puerta cerrada en el cubículo del inodoro, aunque la mugre en general era exagerada. Papeles sucios amontonados en olorosas montañas, el piso alfombrado por forros usados y a veces, si tenías suerte, había agua. Por años y años, mi vida sexual pasó a desarrollarse en ese cine en particular, aunque recorrí por simple curiosidad varios cines de Buenos Aires, cada uno con un perfil específico y respondiendo a un concreto mercado.


Durante los largos años que retocé en los baños, en los rincones y hasta en las butacas, me enamoré, hice amigos, encontré algunos novios no muy perdurables pero que me entretuvieron bastante, cumplí increíbles fantasías, me crucé con las entrepiernas más chicas de mi vida, y con las más grandes e inolvidables, y vi cosas que si tuviera que contarlas una por una, no me alcanzarían ni días, ni meses, ni años. Hoy, en el año 2011, esos eróticos reductos siguen estando, abrigando el deseo y los cuerpos calientes que prefieren enredarse en prácticos retoces, sin histerias, ni versos prearmados.

No son discos, ni pubs maricas de diseño, pero lo que es seguro es que muchas de las maricas que histeriquean en la noche bolichera o en la calle, en los cines porno se transforman en bestias carnales y salvajes guiadas por puro instinto, y entienden que, después de todo, en esa oscuridad permanente, todos los gatos somos pardos, mal que a una le cueste aceptarlo.

Juro que durante todo ese tiempo nunca me arrepentí de haberme echo asidua víctima erótica de esas salas promiscuas y calientes; eso sí, para qué negarlo: a veces me he sentido una rastrera rata de alcantarilla... y otras tantas... una diosa bañándome desnuda en la Fontana di Trevi, como la grandiosa Anita Ekberg en sus años más calientes del cine de oro italiano...


Tulipán

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Bareback: Jeff Palmer un porno star argentino de exportación.

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Durante toda la década de los noventa y primeros años del nuevo siglo XXI, lo más común para los ‘porno adictos’ fue ver escenas con sexo protegido, aparentemente sin el mayor riesgo para sus intérpretes. Algunas ocasiones, incluso, con algunas clases acerca de cómo colocarse bien un condón que de colores mate pasó a transparentes y con una longitud tan corta, que lo hacían casi imperceptible para el ojo de la cámara.

Pero, ante la eficacia de los tratamientos médicos para los portadores del VIH y la reducción de las cifras de muertos por el Sida, la industria pornográfica se fue volviendo más flexible en torno al tema y el condón comenzó a desaparecer en escenas en las que se fueron multiplicando las venidas abundantes dentro de la boca, las penetraciones anales, las orgías, etc. Principal promotor de este cambio fue ‘el semental italiano’ Rocco Siffredi (Ortona, 1964) y su compañía productora, así como el actor canadiense Peter North (Halifax, 1957), un gay redimido, adicto al sexo anal.

De igual modo Bel Ami, la productora europea de la que surgieron bellezas adolescentes como Lukas Ridgestone, Roman Paulik, Sebastián Bonett, Ion Davidov y Dano Sulik, entre otros, con el pretexto de contar en sus filas con muchachos ‘sanos’ y ‘limpios’, comenzó a incluir en sus tramas esporádicas secuencias en las cuales sus actores se tragaban el semen de su compañero o se dejaban penetrar sin condón. Las ventas comenzaron a incrementarse.

Pero el fenómeno del ‘bareback’ pornográfico alcanzó su máxima expresión en norteamérica con Jeff Palmer, un actor de origen argentino, criado en Mendoza, que fue prototipo de la masculinidad activa en la primera etapa de su carrera con filmes como “Flashpoint”, “The placer”, “No Way Out”, “Stripped”, “Fever”, “Heat Wave”, Manhandlers”, “The Chosen”, “Betrayed” y “Palmer Lust”, entre otras, y que, una vez que fue diagnosticado como positivo, accedió a convertirse en un ávido pasivo en otras tantas producciones en las que ponía como única condición a sus coprotagonistas ser penetrado sin condón y con las consecuentes venidas en la boca, la mayoría de las veces después de orgías tumultuarias (gang bang).

Descubriendo un ‘nuevo’ mercado, los títulos ‘bareback’ de Jeff Palmer abundaron en el mercado, y las ventas se fueron al tope: “Jeff Palmer: Hardcore” (2002), “Jeff Palmer: Raw” (2002), “Bareback Leather Fuckfest” (2003), “Barebacking with Jeff Palmer Volume 3: Gang Fucked” (2005), “Bareback Boot Camp” (2006), “Barebacking with Carlos Morales” (2006).

El bareback oficializado en su máxima expresión

Para las nuevas generaciones que conocían estas películas sólo por referencias o recurriendo a la videoteca de sus amigos cuarentones o cincuentones, este nuevo cine se convirtió pronto en toda una gran novedad. Con todo y las graves implicaciones que llevaba consigo.

La industria del cine porno gay ha jugado un papel determinante en el llamado “sexo a pelo”. Cada vez son más quienes sin la información adecuada, optan por tener prácticas sexuales de alto riesgo, como la penetración anal sin condón.

Mariano Sepúlveda